Un artista británico recrea los menú que eligieron los condenados a muerte. El más frugal, una aceituna, que pidió un asesino que murió ejecutado en 1963 en EEUU. A los condenados a muerte se les concede una cena a su gusto, aunque el menú no puede exceder los 40 dólares. Un artista británico ha estudiado los últimos caprichos gastronómicos de los prisioneros en el corredor de la muerte y ha recreado qué comieron el día antes de ser ejecutados. La exposición la ha titulado así: 'Las últimas cenas' y es muy curiosa.
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